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domingo, 18 de septiembre de 2011

Dicen que Toño Rosario como rockero no hizo na, no hizo na...

Lo demostró anteanoche en Hard Rock Café, donde intentó ser rockero auténtico. Lo logró en momentos y, sobre todo, en actitud y vestimenta. Sin embargo, la propuesta y la textura de su voz para los temas escogidos en realidad no terminaron convenciendo del todo al público.

La curiosidad “mató” a los que fueron, que esperaban con ansias al prometido rockero. Las expectativas rondaban sobre cómo llegaría al escenario. Y la gente se impresionó al verlo en aquel traje y zapatos transparentes, pero en los siguientes minutos se fue desinflando. Los aplausos indicaban que esperaban más del bloque rockero. Todo cambió, para bien, cuando se escuchó la segunda parte, la merenguera.
Ahí sí que el ambiente tomó forma y la algarabía alcanzó el climax de la noche. A las 11:30 el sitio estaba casi lleno. No acudieron más de sus seguidores porque, al parecer, no concebían que él fuera un rockero, no lo asimilaban como tal. Sólo lo aman y lo adoran como merenguero. Y los que gustan del rock tampoco lo entendían en esa versión.
Lo sentían tan extraño, tan raro... Al mismo Toño le faltó credibilidad en lo que proyectaba.
De ahí que no fuera un reventón en asistencia, contrario a los pronósticos que se tejieron. Sin embargo, ahí viene la parte positiva: él no le paró a nada de eso y sobre la tarima mantuvo su entusiasmo como lo planificó desde un principio, cobijado bajo la greña de Roy Tavaré, el verdadero rockero, el alma musical del show. Los músicos eran profesionales y ahí sí que no cabían dudas de que los temas sonaban a rock.
Imagen
Lo mejor de Toño como rockero fue su vestimenta. Ninguno de sus colegas, es capaz de ataviar su cuerpo con una ropa que la mismísima Lady Gaga aplaudiría.
En esa parte el merenguero supo ser rockero. La falla estuvo en el acoplamiento vocal (coristas incluidas), la selección de los temas y la credibilidad no ganada del artista en esa faceta, con una imagen pública no construida en base a ese ritmo. Su alma de merenguero pesa demasiado.
Quizás faltó que más rockeros del patio subieran a tarima con él, como un gancho para acercar a esa legión de jóvenes que gusta de esta música. Lo más seguro que él y los organizadores lo pensaron... Como otros ya utilizaron ese recurso lo más seguro que lo descartaron. Un aplauso final por su apuesta a lo diferente, por lo novedoso en el show, lo que otros jamás harían por miedo a fracasar.(Listín Diario/R. Almánzar)
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